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Has oído hablar del método Voijta, Doman, Bobath o Castillo Morales?
Adaptado de Canal Down 21
La realidad de nuestros hijos con discapacidad nos lleva, en los primeros momentos, a tratar de buscar "el" método por excelencia que, de manera vanguardista y pionera, creemos que les va a sacar a ellos de la medianía, y a nosotros del ofuscamiento que padecemos en los meses iniciales.
Empezamos a escuchar sobre métodos y sistemas de intervención temprana que, en tal o cual país, en tal o cual ciudad o, incluso, en tal o cual consulta, han acabado por minimizar al máximo los desórdenes que ocasiona el tercer cromosoma 21.
Y empieza así una densa, aunque no muy larga, carrera de "dimes y diretes" sobre la benevolencia de tal o cual terapia, en detrimento de otras.
El propio sentido común acaba por asentarse en todos nosotros, antes o después, para demostrarnos que no existe remedio alguno, ni método milagroso que haga de nuestros hijos seres tan comunes como la propia acepción que de lo "normal" tenemos los padres. Ellos son lo que son -personas-, y son como son -con Síndrome Down- por encima de lo que nosotros quisiéramos que fueran, en esos momentos.
Métodos: tantos como nosotros nos propongamos aplicar. Efectividad: toda la que como padres consigamos transmitirles más allá de lo puramente mecánico, físico, externo.
La intervención temprana no debe ser entendida únicamente como un medio para fomentar y desarrollar los sentidos y estímulos del pequeño de manera perceptible por nosotros sus tutores, esto es una parte más del todo. Esa intervención debe empezar por nosotros mismos como padres, porque también nos enfrentamos a algo nuevo y desconocido hasta entonces. Es un compendio de reflexión, de sentido común, de saber hasta dónde podemos llegar nosotros y ellos pueden aguantar.
Los invitamos a reflexionar sobre las diferentes terapias construídas en pro de un fin común: que nuestros hijos se desarrollen en todas las facetas de su vida. Sin embargo queremos insistir en la idea de que cualquier terapia de intervención debe ir siempre a la par de la sensatez, el realismo y el profundo afecto que debemos transmitir a nuestros pequeños.
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