EDICIÓN Nº 38 - OCTUBRE DEL 2002
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Sexualidad y Síndrome Down

"Independientes, productivos y felices", son adjetivos calificativos que continuamente escuchamos de muchos padres de niños y jóvenes con Síndrome Down ante la pregunta ¿qué quiere para su hijo?.

Muchas instituciones dedicadas a la formación de niños y jóvenes con Síndrome Down también lo repiten y exponen como sus principales objetivos pero... ¿qué ocurre cuando estos objetivos los relacionamos con la sexualidad de los personas con Síndrome Down?, ¿realmente queremos que sean independientes?, ¿verdaderamente les permitimos vivir su sexualidad para ser felices?

Si bien es cierto el tema de la sexualidad es un tema que sentimos como normal para ser tratado, cuando realmente nos enfrentamos al tema no nos sentimos tan preparados.

Es importante partir del hecho de que hablar de sexualidad no es hablar de relaciones sexuales o de prevención de embarazo. Los seres humanos viven su sexualidad desde que nacen, las personas con Síndrome Down no están ajenas a ello.

Sexualidad es sentirse bien con uno mismo sentirse guapo a bonita, querer estar limpio, perfumado, gustarse a uno mismo y a los demás para luego encontrar una pareja en especial con quien sentirse bien cuando se están juntos.

Ser independientes implica tomar decisiones, saber elegir y asumir las responsabilidades. Así mismo los hombres y mujeres con Síndrome Down tienen derecho a tomar decisiones que les afecten directamente, como lo es todo lo relacionado a su sexualidad.

Independientes en toda la magnitud de la palabra en cada área de su vida y ello incluye su sexualidad, formándolos desde siempre para ello.

¿Con qué derecho podemos decidir por ellos? ¿por qué permitirnos la atribución de anular o pasar por alto un área del desarrollo integral de todo ser humano?

Asumamos naturalmente la sexualidad de las personas con Síndrome Down, claro está, que necesitarán más apoyo, orientación y acompañamiento que otros en el tema.

Quienes nacieron con Síndrome Down tienen un cromosoma de más logremos que esta "casualidad genética" no los anule como personas en ningún aspecto de su vida.

En las manos de cada persona con Síndrome Down está el rol protagónico de su propia existencia, permitámosles ser los actores principales de cada escena, en las manos de los padres, la responsabilidad de formarlos con el ejemplo.

Estamos seguros que si logramos desde siempre que las personas con Síndrome Down se conozcan a sí mismos, se aceptan tal y como son, con sus grandes capacidades y discapacidades, cuando logremos que sean capaces de elegir desde sus primeros años, desde el qué comer, cómo vestir, a qué jugar o qué cantar en la escuela, cuando sean capaces de decir "no" a lo que no les gusta o no quieren y tantas cosas más, estaremos en el camino correcto para que lleguen a convertirse en adultos que disfruten de su sexualidad con pleno derecho.

No expongamos a las personas con Síndrome Down a situaciones absurdas, al ridículo e incluso la degradación, sometiéndolos a preguntas infantiles relacionadas con su sexualidad o propiciando episodios que distorsionen un tema tan natural como es la sexualidad de cualquier ser humano.


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