Cuando nació Sandrita me di cuenta que no era como los otros bebes, pero agradezco a Dios porque me dio la tranquilidad y la madurez necesaria como para aceptarlo, aunque me causó mucha molestia la forma tan poco sutil que algunos médicos tienen para comunicarnos que nuestro niño tiene el Síndrome de Down, a mí me dijeron directamente: su hija es "mongolita" y es algo que me sonó hasta despectivo y muy cruel.
Antes de que cumpliera los dos meses de nacida iniciamos la terapia para que mi hijita fortalezca sus bracitos y sus piernas, también la estimulábamos constantemente de manera que vaya desarrollando sus sentidos, su tono muscular y su comunicación. Debo mencionar que hubo momentos en que me sentía sin fuerzas para continuar pero su carita siempre sonriente me impulsaba a seguir adelante.
Sandrita demoró en caminar, lo hizo tres meses después de cumplir los dos años y para comunicarse también, hasta ahora siempre que ella nos dice "no puedo" le hacemos repetir las palabras y lo hace, así le demostramos que "sí puede" lo cual la hace sentir feliz.
Ahora Sandra tiene 17 años, y es una joven muy independiente, nos ha dado muchas alegrías a lo largo de toda su vida, ha participado desde que tenía 8 años en los juegos que continuamente organiza la Asociación de Olimpiadas Especiales, obteniendo muchas medallas.
Participó recientemente como miembro del equipo de gimnasia de damas de la selección de Perú en los Juegos Mundiales de Verano que se desarrollaron en Irlanda, logrando conseguir una medalla de oro, tres de plata y una de bronce para nuestro país.
Que más podemos pedir a Dios, sino agradecerle por cada momento de alegría y satisfacción, porque si es grande nuestro esfuerzo lo es mucho más la recompensa que recibimos.
María Jesús Rossi.
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