El espacio y el tiempo están normalmente estructurados y reglamentados. Un espacio determinado - la escuela- implica una forma concreta de vestir, un modo de comportarse y de estar, una forma de hablar y relacionarse. Un tiempo concreto de trabajo parece limitado y condicionado. Así las personas nos adaptamos normalmente al espacio y tiempo adecuando nuestros hábitos y nuestras conductas a la situación espacio-temporal en la que nos encontramos.

La filosofía de los programas de Ocio y Tiempo Libre para personas con discapacidad no es distinta de la filosofía de cualquier otro programa de ocio en un grupo. Está basada en el principio de que todas las personas tienen unas necesidades y deseos básicos para el crecimiento físico, mental, social y emocional. Las personas con discapacidad intelectual difieren de las demás a este respecto únicamente por la forma de expresión de de sus necesidades e intereses. Las verdaderas diferencias se encuentran, no en las personas, sino en la calidad y disponibilidad de las oportunidades. Las personas con discapacidad, con frecuencia, están sobreprotegidas, son los demás quienes deciden cuando ellas están en condiciones de tomar sus propias decisiones. ¿Hasta que punto les hemos restringido al imponerles límites en lo que nosotros determinamos que son sus capacidades? Hasta ahora, han tenido pocas oportunidades de autonomía. Y si esas oportunidades son limitadas, sus resultados también lo serán. Afortunadamente, el desarrollo saludable puede incrementarse a base de experimentar diversas alternativas de ocio y a través del descubrimiento de las propias capacidades. Esto infunde confianza en uno mismo y el valor para afrontar nuevos retos.

Las alternativas de ocio son variadas, y se han de elegir en función de los gustos y preferencias de cada persona, pues se trata de un tiempo para el disfrute personal. Cada persona tiene sus propios gustos, puede agradarnos el cine, el teatro, la televisión, los deportes, la pintura, el baile, el canto, etc. Existen infinidad de actividades que se pueden adaptar a nuestros gustos y posibilidades. No es necesario buscar espacios especialmente concebidos para personas con discapacidad, hay que intentar que ellas se incluyan en espacios regulares en los que puedan realizar cualquier actividad que decidan en función de sus necesidades, intereses y capacidades. De otro modo, estaríamos creando pequeños ghettos en donde las personas con discapacidad disfrutarían de un espacio apartado de la realidad social.

Los programas de ocio proporcionan un buen marco para la integración social. Habitualmente, los participantes se reúnen para aprender y desarrollar habilidades y destrezas.

Todos forman parte de un grupo social, y como parte del mismo, comparten las frustraciones, los fracasos, la excitación, los logros y se entablan amistades. Cada persona aprende la importancia que él o ella tiene dentro del grupo y se siente satisfecha por poder formar parte del equipo.

Participar en una actividad de Ocio y Tiempo Libre ofrece a cualquier persona, y por lo tanto, también a las personas con discapacidad, la oportunidad de realizarse integralmente en su entorno. La finalidad de estas actividades debe ser facilitar un amplio abanico de posibilidades participativas a todas las personas con discapacidad pues es un vehículo adicional que nos ayuda a incrementar la autonomía personal, facilita el establecimiento de relaciones positivas con el entorno social y un desarrollo integral que nos acerca un poco más a la vida normalizada.

Lo más importante es no olvidar que las personas con discapacidad tienen los mismos derechos para disfrutar de su tiempo libre como lo hace cualquier otra persona, por lo que tenemos que luchar para que los lugares de ocio también sean los mismos.

Laura Castro Arribas
Trabajadora Social - Animadora Sociocultural

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