Entrevista a Hermano Barsen García Alonso
Por Silvia Villafuerte

El Hermano Barsen García Alonso pertenece a la congregación Marista, es Director del Colegio Champagnat, desde donde hace tres años se lleva a cabo un exitoso programa de inclusión educativa. Con gran compromiso nos expresa los principios esenciales en valores, en vocación y amor en la tarea de educar y convicción en la capacidad y posibilidades de las personas con necesidades educativas especiales.

P.- Uno de los ejes principales del colegio que usted dirige se basa en la progresiva formación en valores afectivos y solidarios de los alumnos con su entorno y su Comunidad. ¿Cómo se aplica en un contexto de atención a la diversidad?

R.- Desde que la institución fue fundada como congregación educadora y a partir de la experiencia educativa del padre Champagnat, quien ya en el seminario ayudaba a los niños más necesitados y los más humildes, empieza a nacer en su interior la necesidad de formar educadores que se encarguen de la educación de los niños pobres y necesitados.

Nosotros tenemos la convicción en el siglo XXI, que en nuestro colegio los valores se vivan de tal modo que no sean conceptos sino sea algo vivencial. Educar y atender a todos, aceptando y respetando su individualidad. Se entronca perfectamente en algo que el padre Champagnat tenía como principio en la labor educativa, que es “La pedagogía de la presencia”, estar presente con los niños, decirles que uno los quiere, “para educar hay que amar”.

Por eso es que desde hace unos años desde el Consejo Provincial, no sólo del colegio Champagnat, se aprobó el desarrollo del programa de Inclusión Educativa. A todos los alumnos que participan los tratamos igual que a todos los alumnos, porque son uno más en la escuela, cada uno progresará hacia años superiores siempre que logren las metas que son las adecuadas para sus propias posibilidades individuales de desarrollo.

Se vivencia la aceptación de la diversidad y los profesores y profesoras se llevan el reconocimiento. Cada año académico tiene cuatro secciones y dos secciones por lo menos tienen algún niño o niña con necesidades educativas especiales, que tengan posibilidades de relacionarse y convivir en grupo, eso si es importante, “Crecen porque conviven”.

Otra clave para la educación es que si se educa en valores, se viven los valores en el aula, no como una lección aprendida sino como una realidad, entonces si un compañero presenta alguna necesidad, el grupo sabe de esa necesidad y le respeta esa realidad, no le cree distinto.

Percibo la calidad de afecto y de esfuerzo que hay en niños y niñas con necesidades educativas especiales en el colegio, es impresionante, aprendiendo a relacionarse, para nosotros socializarse es esencial, hacerse con otros, pero no se socializa aquel que viene con una condición diferente, se socializa el que cree que lo tiene todo, es un valor que hay que agradecer. Los profesores no solo lo han entendido sino que lo están viviendo, hay un buen número de profesores que sin tener una especialización específica con niños con habilidades diferentes los han acogido y es ahí donde viene una institución especializada que nos apoya en todos los aspectos más concretos, pero el 90 % del tiempo lo pasan con todos los alumnos en el aula, en algún momento del día reciben apoyo específico, si lo requieren individualmente.

P.- ¿Qué devolución recibe de los profesores que participan del programa de inclusión educativa?

R.- Ha sido muy grato porque nosotros tenemos alumnos que están en el programa de inclusión, en sexto grado y en cuarto grado, que no han ingresado desde los cuatro o cinco años, sino que los hemos incluido y siempre hay una disposición positiva, de parte de la profesora o profesor y compañeros. Asimismo, estudia en quinto de secundaria un joven con Síndrome Down, eso ha significado hablar con los chicos, hablar con la familias, el poder decirlo desde la dirección y sentir en profesores y en padres de familia una respuesta satisfactoria.

Es una satisfacción acogerlos como uno más de nuestro grupo, participando de una procesión de la Virgen llevando un lazo como Antonio, o una niña vestida de angelita que va en la procesión o que bailen en los talleres, entonces los profesores están agradecidos, es parte del corazón de ser Maristas.

P.- La esencia y los principios en valores ya estaban dados, para que se desarrollara en un proceso el programa de inclusión educativa. ¿Qué inquietudes, dudas y expectativas tuvieron al inicio?

R.- Por lógica cuando se nos presenta y plantea este tema, es en un contexto de conflicto de alumnos que estaban presentando dificultades de ser acogidos en su colegio, con mucho gusto decidimos recibirlos, pero nos dimos cuenta que no serían una o dos familias las que vendrían a pedir vacante. Y ahí emergen las preguntas de ¿Cómo vamos a hacer?, ¿A qué edad?, ¿nosotros solos? Con el apoyo de una institución, ¿Cuántos alumnos por aula? Un alumno por aula, si son cuatro secciones que por lo menos dos secciones tengan un alumno en inclusión educativa, ¿van a seguir promoviéndose hasta quinto de media? Si, ¿Con matrícula especial?, fueron alguna de las interrogantes que nos formulamos.

Todo esto lo hemos ido aprendiendo, pero la decisión fue tomada en conversación con el Consejo Directivo, con los profesores, con los Hermanos Maristas que son autoridad en el Perú, en el Consejo Provincial. Y si no salía bien ¿Qué significaría eso? Porque el deseo lo puedes tener, pero ¿Cómo lo llevas a la práctica? ahí realizamos un esfuerzo por entender, por capacitar al profesorado, por replantear nuestro pensamiento. Si ha significado para nosotros muchas preguntas pero que gracias a Dios hemos ido respondiendo de la mano de la institución especializada, que nos ha permitido conocer mejor, teniendo profesionales de la institución que son los que conjuntamente con los maestros hacen los ajustes, la profesora da clase a todos. Es una tarea donde se ha puesto corazón y hemos aprendido mucho, porque termina de ser sencillo si es que lo quieres hacer, hay muchas razones para decir que es una gracia tener a los doce niños que participan del programa de inclusión educativa, el corazón tiene más razón que las dudas.

P.- En este proceso ¿Cuál es el balance?

R.- Yo creo como director y desde una perspectiva general viendo a todos los niños el balance es muy positivo, que un niño me lo encuentre medio llorando en una escalera al lado de su aula con temor porque tenía que hacer la oración delante de sus compañeros y el niño me dice: “tengo miedo”, y yo le digo, “yo también tengo miedo, todos tenemos miedo”, “es que soy distinto”. Este niño en cuarto grado ha hecho conciencia de ser distinto, y yo le he dicho “yo también soy distinto, todos somos distintos” y con un abrazo y dándole ánimo realizó la oración delante de todos sus compañeros.



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